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El origen del sol y la luna (mito azteca)

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  El origen del sol y la luna (mito azteca) En un momento no existían ni el sol ni la luna y los dioses se reunieron para decidir quién iba a iluminar el universo. Tecuciztécatl dijo que él tenía que hacerlo, los dioses aceptaron esta propuesta y dijeron que Nanahuatzin se convertiría en la luna. Los dioses decidieron que para convertirse en Sol, Tecuciztécatl tenía que arrojarse al fuego, pero el dios tuvo miedo y no lo pudo hacer. En su lugar, Nanahuatzin se tiró al fuego y, por su acto valiente, se transformó en el sol. Tecuciztécatl se avergonzó por su actitud y decidió tirarse al fuego y, entonces, se transformó en la luna.  

Teseo y el Minotauro (mito griego)

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  Teseo y el Minotauro (mito griego) El minotauro era un ser monstruoso que estaba en un laberinto de la isla de Creta y que se alimentaba de humanos. Teseo se presentó en Creta para decirle a Minos, el rey de este lugar, que podía matar al monstruo. Ariadna, la hija de Minos, se enamoró de Teseo y decidió ayudarlo: le dio un ovillo de hilo mágico para que él lo atara en la entrada del laberinto, matara al monstruo y pudiera salir. Teseo cumplió con su misión y después se casó con Ariadna.  

Rómulo y Remo (mito romano)

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Rómulo y Remo (mito romano) Numitor era el rey de Alba Longa, pero fue destronado por Amulio, su hermano. Rea Silvia, la hija de Numitor, tuvo dos hijos gemelos, Rómulo y Remo. Ella tenía miedo de que su tío los asesinara, entonces los colocó en una cesta que dejó en un río. Una loba los encontró y los crió como si fueran sus hijos. Después los encontraron dos campesinos que cuidaron de ellos. Un día, los gemelos descubrieron cuál era su identidad y fueron a Alba Longa para matar a Amulio y para devolverle el trono a Numitor. Su abuelo les agradeció la hazaña y les dio tierras en el Lacio, donde al poco tiempo Rómulo fundó Roma.

“Lo fatal”, de Rubén Darío

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  “Lo fatal”, de Rubén Darío Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror… Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, y no saber adónde vamos, ¡ni de dónde venimos!…    

“Botella al mar”, de Mario Benedetti

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  “Botella al mar”, de Mario Benedetti Pongo estos seis versos en mi botella al mar con el secreto designio de que algún día llegue a una playa casi desierta y un niño la encuentre y la destape y en lugar de versos extraiga piedritas y socorros y alertas y caracoles.  

“Las seis cuerdas”, de Federico García Lorca

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“Las seis cuerdas”, de Federico García Lorca La guitarra hace llorar a los sueños. El sollozo de las almas perdidas se escapa por su boca redonda. Y como la tarántula, teje una gran estrella para cazar suspiros, que flotan en su negro aljibe de madera.  

Caperucita Roja

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      La caperucita Roja   Había una vez una adorable niña que era querida por todo aquél que la conociera, pero sobre todo por su abuelita, y no quedaba nada que no le hubiera dado a la niña. Una vez le regaló una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, que le quedaba tan bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar Caperucita Roja. Un día su madre le dijo: "Ven, Caperucita Roja, aquí tengo un pastel y una botella de vino, llévaselas en esta canasta a tu abuelita que esta enfermita y débil y esto le ayudará. Vete ahora temprano, antes de que caliente el día, y en el camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu abuelita. Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, “Buenos días”, ah, y no andes curioseando por todo el aposento.” “No te preocupes, haré bien todo”, dijo Caperucita Roja, y tomó las cosas y se despidió cariñosamente. Caperucita ...